Un amplificador de audio es un dispositivo electrónico que toma una señal de audio de bajo nivel y entrega en su salida una réplica de esa misma señal con potencia suficiente para mover la bobina de un altavoz. No «agranda» la señal de entrada: lo que hace es modular la energía que le suministra su fuente de alimentación siguiendo la forma de onda de entrada. Se clasifica por su clase de operación (A, B, AB, D, G, H) y se describe mediante parámetros medibles como la potencia de salida, la impedancia, el factor de amortiguamiento, la respuesta en frecuencia, la ganancia, la sensibilidad, la relación señal/ruido, la distorsión armónica total (THD) y la diafonía. En Avanty Group llevamos 15 años montando etapas de potencia en bodas, conciertos, congresos y eventos corporativos, y en esta guía explicamos, con datos y criterios de campo, todo lo que hay que entender antes de elegir o alquilar uno.
Hay pocos equipos tan mal comprendidos como el amplificador. En las fichas comerciales se leen cifras de potencia que no significan lo mismo según quién las escriba, se confunde la clase de amplificación con el tipo de transistor y se sigue repitiendo que un amplificador «sube el volumen», cuando su trabajo real es bastante más interesante. Después de años sacando racks de etapas a la calle cada fin de semana, hemos comprobado que la mayoría de los desastres sonoros de un evento no vienen del altavoz ni de la mesa: vienen de una etapa mal elegida, mal dimensionada o mal alimentada.
Este artículo recoge lo que sabemos, ordenado como nos habría gustado encontrarlo el primer día.
Acceso directo a:
- Qué es un amplificador de audio
- Cómo funciona un amplificador de audio paso a paso
- Clases de amplificación
- Parámetros técnicos: qué hay que leer de verdad en una ficha
- Cómo dimensionar un amplificador para un altavoz
- Configuraciones de salida: estéreo, paralelo, puente y línea de 100 V
- El amplificador en el refuerzo sonoro actual: DSP, redes y presets
- Nuestra experiencia: qué le pedimos a una etapa de potencia en un evento real
- Fuentes y bibliografía
Qué es un amplificador de audio
Un amplificador de audio (también llamado amplificador de sonido o, cuando hablamos solo de la sección final, etapa de potencia) es un circuito electrónico activo que incrementa la potencia de una señal de audio hasta un nivel capaz de excitar altavoces o auriculares.
La definición de manual suele quedarse en «aumenta la amplitud de la señal», y esa formulación despista. Conviene precisarlo así, porque es lo que ocurre físicamente:
El amplificador no añade energía a la señal de entrada. Coge la energía de la red eléctrica a través de su fuente de alimentación y la vierte sobre el altavoz, controlando en cada instante cuánta deja pasar. La señal de entrada actúa como una plantilla, como una orden. De ahí que un amplificador se parezca más a una válvula hidráulica de precisión que a una lupa. Y de ahí también que la calidad de la fuente de alimentación pese tanto en el resultado final como la calidad de los transistores de salida, algo que en directo se nota justo cuando entra el bombo.
La señal que llega a su entrada suele estar a nivel de línea, típicamente +4 dBu en equipo profesional (unos 1,23 V eficaces) o 0,775 V eficaces como referencia de 0 dBu. La señal que sale puede ir desde unos pocos vatios hasta decenas de miles de vatios en un sistema de refuerzo sonoro de gran formato.
Preamplificador, etapa de potencia y amplificador integrado
En la cadena de audio conviven varios amplificadores, y no todos hacen lo mismo:
- Preamplificador: amplifica en tensión señales muy débiles (micrófono, cápsula de tocadiscos, pastilla de guitarra) hasta nivel de línea. Aporta ganancia y, en muchos casos, ecualización y adaptación de impedancias. Es donde se define buena parte del carácter sonoro de una grabación.
- Etapa de potencia (power amplifier): amplifica en corriente para poder entregar potencia sobre una carga de baja impedancia (típicamente 4 u 8 Ω). Es el último eslabón antes del altavoz.
- Amplificador integrado: reúne previo y etapa en el mismo chasis. Es lo habitual en la electrónica de consumo y en los altavoces autoamplificados, que llevan la etapa (casi siempre en clase D) dentro de la propia caja.
Amplificador y altavoz: un sistema, no dos aparatos
Este es probablemente el concepto que más nos ha costado transmitir a lo largo de estos años. Un amplificador no se elige «en abstracto», se elige contra un altavoz concreto y contra un cable concreto. La impedancia del altavoz no es un número fijo (varía con la frecuencia y puede caer muy por debajo de su valor nominal), el cable introduce resistencia serie y el filtro de cruce añade cargas reactivas. La etapa tiene que ser capaz de entregar corriente en esas condiciones reales, no en las del laboratorio.
Cómo funciona un amplificador de audio paso a paso
Simplificando un diseño de estado sólido convencional, encontramos cinco bloques:
- Etapa de entrada. Recibe la señal, normalmente por XLR balanceada, y rechaza el ruido de modo común. Presenta una impedancia de entrada alta (10 kΩ como mínimo, y entre 10 y 20 kΩ en la mayoría de etapas profesionales) para no cargar la salida del equipo anterior. Esa cifra no es caprichosa: permite conectar varias etapas en paralelo desde una misma salida sin hundir el nivel.
- Etapa de amplificación en tensión. Es la que aporta casi toda la ganancia del conjunto. Aquí trabaja la realimentación negativa, que compara la salida con la entrada y corrige la diferencia: reduce distorsión y ruido y baja la impedancia de salida, a costa de sacrificar ganancia bruta.
- Etapa de salida. Prácticamente no amplifica en tensión: amplifica en corriente. Suele montarse en configuración push-pull, con dispositivos complementarios que se reparten los semiciclos positivo y negativo de la onda. Su corriente de reposo (bias) es lo que determina la clase de operación.
- Fuente de alimentación. Transformador toroidal y condensadores de gran capacidad en los diseños clásicos, o fuente conmutada (SMPS) con corrección de factor de potencia (PFC) en los diseños modernos. Es la que decide si la etapa aguanta un transitorio de bombo sin arrugarse.
- Protecciones. Limitadores, detección de continua a la salida (DC offset), protección térmica, protección contra cortocircuito, filtro subsónico y arranque suave. En un rack de gira, esto no es un extra: es lo que separa un susto de una avería.
Clases de amplificación
La clase describe cómo conducen los dispositivos de salida a lo largo del ciclo de la señal. No describe ni la calidad ni la tecnología del transistor, y aquí se acumula la mayor parte de la confusión que circula por internet.
| Clase | Conducción | Rendimiento teórico | Distorsión | Uso habitual |
|---|---|---|---|---|
| A | 360º (todo el ciclo) | 25 a 50 % | Muy baja, sin distorsión de cruce | Previos, hi-fi de gama alta, auriculares |
| B | 180º (medio ciclo cada dispositivo) | Hasta 78,5 % | Alta por distorsión de cruce | Casi en desuso en audio de calidad |
| AB | Algo más de 180º | 50 a 70 % | Baja (THD por debajo del 0,05 %) | Etapas de potencia clásicas, guitarra, estudio |
| C | Menos de 180º | Cercano al 100 % | Muy alta | Radiofrecuencia, no se usa en audio |
| D | Conmutación (corte y saturación) | 85 a 95 % | Baja en diseños actuales | Refuerzo sonoro, autoamplificados, subgraves |
| G / H | Como AB, con alimentación escalonada o variable | 60 a 85 % | Similar a AB | Etapas de alta potencia y cine en casa |
Clase A
El dispositivo de salida conduce durante todo el ciclo. Nunca se apaga, así que consume y disipa calor incluso en silencio. A cambio, no existe distorsión de cruce y la linealidad es excelente. Su rendimiento es pobre (por debajo del 25 % en montaje sencillo, hasta un 50 % teórico con acoplamiento por transformador), lo que la descarta para potencias altas. En nuestro sector la vemos casi solo en previos y en algún amplificador de auriculares.
Clase B
Cada dispositivo conduce medio ciclo. Es eficiente, pero aparece la distorsión de cruce: en el paso por cero, hasta que la unión base-emisor de un transistor bipolar no supera unos 0,6 V, ninguno de los dos conduce, y ese pequeño «escalón» se convierte en armónicos muy audibles a bajo volumen. Por eso apenas se usa sola.
Clase AB
Es la solución de compromiso, y durante décadas ha sido la clase reina de la etapa de potencia profesional. Se aplica una pequeña corriente de reposo permanente que mantiene los dos dispositivos ligeramente polarizados, de modo que el relevo en el paso por cero es continuo y la distorsión de cruce prácticamente desaparece. Buenos diseños en clase AB bajan de 0,01 % de THD. El precio a pagar es el calor: rendimientos reales del 50 al 65 %, con la mitad de la energía marchándose por los disipadores.
Clase C
Conduce durante menos de medio ciclo y necesita un circuito resonante a la salida para reconstruir la onda. Es enormemente eficiente y enormemente distorsionada. Se emplea en radiofrecuencia, no en audio. Lo mencionamos porque aparece en todas las clasificaciones y conviene descartarla sin ambigüedades.
Clase D
La clase D no es «digital», por mucho que se repita. Es un amplificador conmutado: la señal analógica se compara con una onda triangular de alta frecuencia y se convierte en un tren de pulsos (PWM, modulación por ancho de pulso, o modulación sigma-delta en variantes autooscilantes). Los MOSFET de salida trabajan solo en corte y saturación, es decir, encendidos del todo o apagados del todo, y por eso disipan tan poca energía. Un filtro paso bajo LC reconstruye la onda amplificada antes de que llegue al altavoz.
Ventajas que en eventos son decisivas:
- Rendimiento del 85 al 95 %, lo que significa menos calor, menos ventilación y menos consumo de red.
- Peso y volumen mínimos: hoy metemos en un rack de 2U lo que hace quince años ocupaba un rack entero y necesitaba dos personas para moverlo.
- Compatibilidad natural con fuentes conmutadas y DSP integrado.
El mito de que la clase D «no llega a agudos» o «solo sirve para subgraves» está desfasado desde hace más de una década. Las etapas de clase D actuales son de rango completo y sostienen la mayoría de los sistemas de refuerzo sonoro que se montan hoy en España, nuestros equipos incluidos.
Clases G y H
Ambas son evoluciones de la clase AB centradas en la fuente de alimentación, no en la etapa de salida. La clase G conmuta entre varias líneas de tensión fijas según lo pide la señal. La clase H modula la tensión de alimentación de forma continua para que vaya justo por encima de la señal. Resultado: menos calor disipado con la linealidad de la clase AB. Son habituales en etapas de gran potencia y en amplificación de subgraves.
BJT, MOSFET y válvulas: dispositivos, no clases
Es un matiz que conviene fijar, porque casi todas las listas que circulan lo mezclan:
- BJT (transistor de unión bipolar) y MOSFET (transistor de efecto de campo de metal-óxido-semiconductor) son tipos de transistor, no clases de amplificación. Un mismo amplificador puede ser «clase AB con BJT» o «clase D con MOSFET».
- El MOSFET, desarrollado en los Laboratorios Bell en 1959 y llevado al audio a mediados de los años setenta, es el dispositivo que ha hecho viable la clase D, porque es el único capaz de conmutar a cientos de kilohercios sin destruirse.
- Las válvulas termoiónicas dominaron la amplificación hasta los años setenta y siguen vivas en instrumento musical y en cierta alta fidelidad, más por su comportamiento en saturación (armónicos pares, compresión progresiva y agradable) que por sus cifras de distorsión, que son peores.
El amplificador de audio como tal nace con el triodo de Lee de Forest, alrededor de 1912. El salto al estado sólido llega a finales de los sesenta y el salto a la conmutación, en los ochenta.
Parámetros técnicos: qué hay que leer de verdad en una ficha
Aquí es donde se decide una compra o un alquiler. Esta es la tabla que usamos internamente para comparar etapas antes de meterlas en nuestro parque de alquiler.
| Parámetro | Qué indica | Referencia razonable en audio profesional |
|---|---|---|
| Impedancia de entrada | Carga que presenta a la fuente | 10 kΩ o más (20 kΩ balanceada típico) |
| Sensibilidad de entrada | Tensión necesaria para dar la potencia máxima | 0,775 V (0 dBu), 1 V o 1,4 V |
| Ganancia | Relación salida/entrada en dB | 26 dB, 32 dB o conmutable |
| Potencia de salida | Potencia continua sobre una impedancia dada | Siempre por canal y con los dos canales excitados |
| Factor de amortiguamiento | Control sobre el movimiento del cono | Más de 200 sobre 8 Ω |
| Respuesta en frecuencia | Banda de trabajo plana | 20 Hz a 20 kHz, con desviación de ±0,5 a ±3 dB |
| Respuesta de fase | Desfase introducido en la banda audible | Por debajo de 15º |
| Relación señal/ruido | Ruido residual respecto a la señal | 100 dB o más (110 dB por encima de 200 W) |
| THD+N | Distorsión armónica más ruido | Por debajo del 0,1 % en toda la banda |
| Diafonía | Filtración de un canal en el otro | 50 dB en extremos, 70 dB en medios |
| Slew rate | Velocidad de respuesta a transitorios | Cuanto mayor, mejor comportamiento en percusión |
Impedancia de entrada y de salida
La impedancia es la oposición que un circuito presenta al paso de una corriente alterna. En audio se trabaja con acoplamiento en tensión: la fuente tiene impedancia baja y el receptor, alta.
La impedancia de entrada de un amplificador debe ser de al menos 10 kΩ. El motivo práctico: si repartimos una misma salida hacia varias etapas en paralelo, las impedancias se dividen. Con diez entradas de 10 kΩ en paralelo, la carga total sobre esa salida cae a 1 kΩ, valor que la mayoría de etapas de línea todavía atacan sin pérdidas de nivel ni de agudos.
La impedancia de salida, en cambio, debe ser lo más baja posible, y de ella depende el siguiente parámetro.
Factor de amortiguamiento
El factor de amortiguamiento (damping factor) es la relación entre la impedancia nominal del altavoz y la impedancia de salida real del amplificador:
Factor de amortiguamiento = Z altavoz / Z salida del amplificador
Un amplificador que declara «200 sobre 8 Ω» tiene una impedancia de salida de 8 / 200 = 0,04 Ω. Cuanto mayor es esa cifra, mejor controla la etapa la inercia del cono, sobre todo alrededor de la frecuencia de resonancia del altavoz, y más definido queda el grave.
Y aquí llega el dato que rara vez aparece publicado y que, en nuestra experiencia, es el que de verdad importa en un evento: el cable se come el factor de amortiguamiento. La resistencia del cable de altavoz se suma a la impedancia de salida del amplificador. Un ejemplo real de los que montamos cualquier fin de semana:
- Etapa con factor de amortiguamiento de 200 sobre 8 Ω, es decir, 0,04 Ω de impedancia de salida.
- Tirada de 10 metros de cable de 2,5 mm² (ida y vuelta, 20 metros de conductor). Resistencia aproximada: 0,14 Ω.
- Impedancia total en serie: 0,04 + 0,14 = 0,18 Ω.
- Factor de amortiguamiento real: 8 / 0,18 = 44, no 200.
Traducción: presumir de factores de amortiguamiento de 1.000 es marketing si después se tira el altavoz con 25 metros de manguera fina. Por encima de 100 o 200 el efecto audible es marginal; por debajo de 20 el grave empieza a sonar blando. Nuestra regla de campo es sencilla: cable de 2,5 mm² como mínimo, 4 mm² a partir de 15 metros, y conector Speakon siempre.
Potencia de salida: nominal, RMS, programa y pico
El parámetro más manipulado del sector. Hay que distinguir:
- Potencia continua o eficaz (RMS): la que la etapa entrega de forma sostenida sobre una carga resistiva, a una frecuencia dada (habitualmente 1 kHz) y con un nivel de distorsión especificado. Se obtiene con Po = Vo(rms)² / Zo. Es la única cifra comparable entre fabricantes.
- Potencia de programa: aproximadamente el doble de la continua. Representa mejor el comportamiento con música real, que tiene picos.
- Potencia de pico: la que soporta durante un instante. Suele ser dos veces la nominal o más, y es la que se imprime en grande en las cajas de gama baja para inflar la cifra.
Tres advertencias que damos siempre a nuestros clientes:
- Comprueba si la potencia está declarada «por canal» o «con los dos canales excitados». Una etapa de «175 W sobre 8 Ω por canal» entrega 350 W en total; una de «175 W con los dos canales excitados» entrega 87,5 W por canal. La diferencia es de cuatro veces.
- Al bajar la impedancia de 8 a 4 Ω, la potencia tiende a duplicarse, pero solo en un amplificador ideal. En el mundo real la fuente de alimentación cede y el aumento se queda en un 60 u 80 %. Si el fabricante declara exactamente el doble, desconfía.
- La potencia útil está limitada por la distorsión. Un fabricante serio declara «500 W sobre 4 Ω con 0,1 % de THD»; uno menos serio declara los mismos 500 W a un 10 % de THD, que es sonido roto.
Respuesta en frecuencia y respuesta de fase
La respuesta en frecuencia mide en qué banda el amplificador se comporta de forma plana. La referencia es la banda audible, de 20 Hz a 20 kHz, y una etapa profesional debe mantenerse dentro de una franja estrecha, típicamente ±0,5 dB o, en medidas más laxas, ±3 dB. Muchos fabricantes miden en una banda ampliada (por ejemplo de 12 Hz a 40 kHz) precisamente para verificar el comportamiento fuera de la banda audible frente a perturbaciones subsónicas y supersónicas.
La respuesta de fase indica el desfase que la etapa introduce entre unas frecuencias y otras. En la banda audible no debería superar los 15º, porque un desfase importante degrada la imagen estéreo y puede provocar cancelaciones al sumar sistemas. Hay diseños que invierten la fase en toda su banda de paso: si no se detecta y se conecta junto a otra etapa que no la invierte, se cancela la señal. Nos ha pasado, y se localiza en dos minutos con un comprobador de polaridad.
Distorsión: THD, THD+N, IMD y clipping
La distorsión armónica total (THD) describe cuánto se aparta la onda de salida de la de entrada por la aparición de armónicos que no estaban en el original. En una etapa profesional debe mantenerse por debajo del 0,1 % en toda la banda, y las buenas bajan de 0,05 %. Cuando el fabricante añade el ruido a la medida, hablamos de THD+N.
La distorsión por intermodulación (IMD) es más molesta al oído que la armónica: aparecen frecuencias que no son múltiplos de las originales. Se mide inyectando dos tonos (clásicamente 19 y 20 kHz) y observando el producto de diferencia a 1 kHz. Una etapa de calidad mantiene ese producto unos 70 dB por debajo.
Y por encima de todas, la que rompe equipos: el clipping. Cuando se exige a la etapa más nivel del que puede dar, recorta la onda por arriba y por abajo y la convierte en algo parecido a una onda cuadrada. Esa onda recortada tiene más energía media y mucho más contenido en armónicos agudos, y el filtro de cruce del altavoz manda alegremente toda esa energía al tweeter, que no está diseñado para soportarla. La inmensa mayoría de los agudos quemados que hemos visto en 15 eventos al año no murieron por exceso de potencia, sino por falta de ella.
Relación señal/ruido, sensibilidad y ganancia
La relación señal/ruido compara la señal útil con el ruido residual de salida y se expresa en dB. Para que el ruido quede por debajo del umbral de audición en una sala en silencio, debe ser de al menos 100 dB, y de 110 dB o más en etapas por encima de 200 W. En una boda con el aperitivo aún vacío, un siseo de fondo se oye perfectamente.
La sensibilidad de entrada indica qué tensión hay que inyectar para que la etapa entregue su potencia máxima. Se expresa en dBu referidos a 0,775 V eficaces. Valores típicos: 0,775 V, 1 V o 1,4 V. Si se supera, la señal se recorta.
La ganancia es la relación entre potencia (o tensión) de salida y de entrada, expresada en dB. Con potencias, dB = 10 · log(Psal/Pent); con tensiones, dB = 20 · log(Vsal/Vent). Doblar la potencia son 3 dB; doblar la tensión, 6 dB. Las etapas profesionales suelen ofrecer ganancias conmutables (26 dB, 32 dB o sensibilidad fija) precisamente para poder alinear la estructura de ganancia de todo el sistema. Ajustarla bien es lo que evita tener que subir la mesa hasta el rojo o, al contrario, trabajar con los atenuadores a las tres del reloj y meter ruido.
Diafonía
La diafonía (crosstalk) indica cuánto se filtra un canal en el otro en un sistema estéreo. Depende de la frecuencia: se considera aceptable en torno a 50 dB en graves y agudos y 70 dB en medios. Se combate con buenos filtros, apantallamiento y, sobre todo, fuentes de alimentación independientes por canal, que es la solución que montan las etapas serias.
Rendimiento, calor y consumo eléctrico
Este parámetro no suele estar en las listas de manual y, sin embargo, en un evento decide si hay concierto o no. Una etapa de clase AB con un 55 % de rendimiento que entrega 2 kW está disipando otros 1,6 kW en forma de calor y tirando de la instalación eléctrica en consecuencia. La misma potencia en clase D con un 90 % de rendimiento cambia por completo el cálculo del cuadro, la sección de la manguera y la ventilación del rack.
Regla práctica que aplicamos al planificar la acometida: contamos aproximadamente un tercio de la potencia máxima del rack como consumo continuo real con música (por el factor de cresta de la señal) y dimensionamos protecciones desde ahí. Cuando el evento es en una finca con un generador justo, esa cuenta es la diferencia entre acabar la fiesta o quedarse a oscuras a las dos de la mañana.
Cómo dimensionar un amplificador para un altavoz
Esta es la parte que más se pregunta y peor se explica. Nuestra metodología, en cuatro pasos:
1. Parte de la potencia continua (AES) del altavoz, no de la de pico. La potencia AES es la que el fabricante certifica con ruido rosa durante dos horas. Es la cifra honesta.
2. Elige una etapa que entregue entre 1,5 y 2 veces esa potencia sobre la impedancia nominal del altavoz. Suena contraintuitivo, pero es el estándar del sector: ese margen extra (headroom) es lo que permite reproducir los picos de la música sin recortar. La música tiene un factor de cresta de entre 10 y 12 dB en material comprimido y hasta 18 o 20 dB en material dinámico: los picos están muy por encima del nivel medio.
3. Protege con limitador. Toda etapa moderna lleva limitadores configurables o presets del fabricante del altavoz. Con el limitador bien puesto, una etapa «grande» nunca destruye un altavoz; una etapa pequeña recortando, sí.
4. Comprueba la impedancia mínima. Si conectas dos altavoces de 8 Ω en paralelo, la etapa ve 4 Ω. Cuatro altavoces, 2 Ω. No todas las etapas son estables a 2 Ω, y las que no lo son se protegen o se mueren.
Cálculo de SPL: cuánta potencia necesito de verdad
La relación entre potencia y presión sonora es logarítmica y demoledora:
SPL en el punto de escucha = sensibilidad del altavoz + 10 · log(potencia) − 20 · log(distancia)
Ejemplo real de un montaje típico nuestro: un altavoz con 98 dB de sensibilidad (1 W a 1 m) y 500 W AES, alimentado por una etapa que le entrega esos 500 W:
- 10 · log(500) = 27 dB. Es decir, 98 + 27 = 125 dB a un metro.
- A 10 metros del escenario perdemos 20 dB: quedan 105 dB, de sobra para una fiesta.
- Si quisiéramos 3 dB más, necesitaríamos 1.000 W. Otros 3 dB, 2.000 W.
Ese es el motivo por el que doblar la potencia apenas cambia la sensación de volumen (hacen falta unos 10 dB, es decir, diez veces la potencia, para que el oído perciba «el doble») y por el que en refuerzo sonoro se gana antes subiendo la sensibilidad del altavoz o acercando el sistema al público que comprando vatios.
| Tipo de evento | Público | Potencia orientativa del sistema |
|---|---|---|
| Reunión, cóctel, música ambiente | Hasta 50 personas | 300 a 600 W |
| Boda con baile, cumpleaños | 100 a 150 personas | 1.000 a 2.000 W |
| Fiesta, discomóvil, sala | 200 a 400 personas | 3.000 a 6.000 W |
| Concierto en directo, festival | Más de 500 personas | 10.000 W en adelante, con line array |
Si necesitas afinar este cálculo para tu caso, en Avanty Group lo hacemos gratis: nos dices el aforo, el espacio y el tipo de música y te decimos exactamente qué potencia necesitas, ni un vatio más.
Errores frecuentes que vemos en montajes ajenos
- Subdimensionar la etapa y llevarla al clipping todo el evento. Es la causa número uno de altavoces quemados.
- Confundir potencia de pico con potencia real al comparar dos equipos.
- Puentear (bridge) sin comprobar la carga mínima. En modo puente la etapa dobla la tensión de salida, pero también dobla la impedancia mínima admisible: una etapa estable a 2 Ω por canal, en puente exige 4 Ω.
- Alimentar todo el rack de una sola línea doméstica de 16 A y preguntarse por qué salta el diferencial en el primer drop.
- Cablear con manguera fina y larga, arruinando el factor de amortiguamiento y perdiendo potencia por el camino.
Configuraciones de salida: estéreo, paralelo, puente y línea de 100 V
- Estéreo (dual channel): cada canal, su carga. Lo normal.
- Paralelo (parallel input): la misma señal ataca ambos canales. Útil para mono con dos cajas.
- Puente (bridge mono): los dos canales trabajan en oposición de fase y el altavoz se conecta entre los positivos. La tensión disponible se duplica y la potencia sobre la misma carga se multiplica por cuatro en teoría, pero la impedancia mínima admisible también se duplica. Muy usado para subgraves.
- Línea de 100 V (o 70 V): sistema de tensión constante con transformadores, pensado para megafonía distribuida (hoteles, centros comerciales, hilo musical, avisos). Permite colgar decenas de altavoces de un solo par de cables. La regla: la suma de las tomas de todos los altavoces no debe superar el 80 % de la potencia del amplificador.
El amplificador en el refuerzo sonoro actual: DSP, redes y presets
El amplificador de hoy ya no es solo una etapa de potencia. En los sistemas profesionales que manejamos, es el cerebro del sistema:
- DSP integrado con filtros de cruce, ecualización paramétrica, retardos (delay) para alinear temporalmente los sistemas y limitadores de pico y RMS.
- Presets del fabricante del altavoz cargados de fábrica: el amplificador ya sabe cómo tiene que tratar esa caja concreta. Esto ha reducido de forma drástica los errores de configuración en campo.
- Filtros FIR para corregir fase, algo imposible con filtros analógicos.
- Control por red (Dante, AES67, protocolos propietarios) que nos permite monitorizar temperatura, impedancia de carga y estado de cada canal desde el FOH en tiempo real. Si un altavoz se desconecta a mitad de concierto, lo vemos en la pantalla antes de que lo note el público.
Los altavoces autoamplificados llevan todo esto dentro de la caja. Es lo que montamos en la mayoría de bodas, eventos con discomóvil y presentaciones corporativas, porque simplifica el montaje y elimina el riesgo de emparejar mal etapa y altavoz. Los racks de etapas externas siguen siendo el estándar en sistemas de gran formato y en instalaciones fijas, donde se busca centralizar la potencia y el control.
Nuestra experiencia: qué le pedimos a una etapa de potencia en un evento real
Después de 15 años sonorizando eventos por toda la Comunidad de Madrid, estos son los criterios con los que compramos y mantenemos las etapas de nuestro parque de alquiler. No los encontrarás en una ficha técnica:
- Comportamiento térmico real, no el del catálogo. Un rack cerrado en una carpa a 38 grados en julio no es un laboratorio a 20 grados. Medimos temperatura de salida de aire después de dos horas a nivel de evento antes de dar por buena una etapa.
- Fiabilidad de la fuente ante una red sucia. En fincas y espacios rurales la tensión baila. Una etapa con fuente conmutada y PFC amplio (de 90 a 265 V) nos ha sacado de más de un apuro.
- Que arranque con retardo escalonado. Si diez etapas cargan a la vez sus condensadores, la punta de corriente puede tirar el cuadro. El arranque suave secuenciado es innegociable.
- Que se pueda reparar. Suena poco glamuroso, pero una etapa profesional se abre, se cambia un módulo y sigue trabajando el sábado siguiente.
- Revisión previa a cada salida. Medimos ruido residual, comprobamos polaridad, verificamos limitadores y probamos a plena carga. Es aburrido y es la razón por la que no cancelamos eventos.
Y una lección que nos ha costado dinero aprender: el altavoz más caro sonará mediocre con una etapa mal ajustada, mientras que un sistema modesto bien amplificado y bien alineado suena sorprendentemente bien. La potencia no es el objetivo, es la herramienta.
Fuentes y bibliografía
Este artículo se apoya en normativa del sector, bibliografía técnica de referencia y en la práctica documentada de nuestro equipo:
- IEC 60268-3: Sound system equipment. Part 3: Amplifiers. Norma internacional que define cómo se miden potencia, distorsión, respuesta en frecuencia y relación señal/ruido en amplificadores.
- AES2-1984 (r2003): recomendación de la Audio Engineering Society para la medida de la capacidad de potencia de altavoces con ruido rosa. Es la base de la cifra «AES» que usamos para dimensionar etapas.
- Duncan, Ben: High Performance Audio Power Amplifiers. Newnes, 1996.
- Self, Douglas: Audio Power Amplifier Design. Focal Press.
- Rumsey, Francis y McCormick, Tim: Sonido y grabación. Introducción a las técnicas sonoras. IORTV.
- Davis, Don y Patronis, Eugene: Sound System Engineering. Focal Press.
- McCarthy, Bob: Sound Systems: Design and Optimization. Focal Press.
- Documentación técnica de fabricantes de etapas de potencia profesional (Powersoft, Lab.gruppen, Crown, QSC, Dynacord, RCF).